El acompañamiento familiar a la educación remota de la niñez migrante venezolana en Perú durante la COVID-19: un análisis desde el cuidado

Segunda época, número 15, enero-junio 2023, pp. 189-208.

Fecha de recepción: 16 de enero 2023.
Fecha de aceptación: 05 de mayo de 2023.

Autoras: Andrea Kvietok Dueñas1, Catalina Arenas-Ortiz2, Marta Castro Padrón3, Sofía Sánchez4.

Resumen

La evidencia apunta a que el acompañamiento familiar a la educación remota de los niños, niñas y adolescentes, como consecuencia de la COVID-19 y el cierre de escuelas, aumentó las labores de cuidado no remuneradas de las madres de familia —tanto nacionales como extranjeras— y dificultó la compaginación de la vida laboral y familiar de este grupo poblacional. Dentro de este marco, nuestra investigación de corte cualitativo-cuantitativo emplea un análisis de cuidados para entender de qué manera la pandemia agudizó las brechas de género preexistentes en cuanto a las labores remuneradas y no remuneradas de una muestra de madres migrantes venezolanas en Perú. Específicamente nos centramos en las limitaciones estructurales y tecnológicas que dificultaron su acompañamiento a la educación remota de sus hijos e hijas, así como también en los recursos y estrategias que utilizaron para poder reconciliar las necesidades del trabajo productivo y el trabajo de cuidado no remunerado. Concluimos que, para las madres migrantes venezolanas, la labor de acompañamiento educativo de sus hijos e hijas fue afectada por una mezcla de factores que impactaron a las mujeres de manera general y a las mujeres migrantes en específico.

Palabras clave: cuidados, género, acompañamiento escolar, mujeres migrantes, recesión femenina.

Family support to Venezuelan migrant children’s remote education in Peru during COVID-19: An analysis from a Care framework

Abstract

The literature suggests that family support to children and adolescents’ remote education, as a consequence of COVID-19 and school closures, increased the unpaid care work of mothers –both national and foreign– and made it difficult for this population to reconcile work and family life. Via a care framework, our mixed-methods research aims to understand how the pandemic aggravated pre-existing gender gaps in paid and unpaid work among a sample of Venezuelan migrant mothers in Peru. Specifically, we focus on the structural and technological limitations that hindered their accompaniment of their children’s remote education, as well as the resources and strategies they used to reconcile the needs of productive work and unpaid care work. We conclude by highlighting that, for Venezuelan migrant mothers, the work of educational accompaniment of their children was affected by a mixture of factors that impacted women in general and migrant women specifically.

Keywords: care, gender, educational accompaniment, migrant women, female recession.

Introducción

Debido a la crisis económica, política y humanitaria en Venezuela, el desplazamiento forzado venezolano es uno de los fenómenos migratorios más grandes del mundo; para marzo de 2023, más de 7.2 millones de personas han dejado el país y residen en el exterior (R4V, 2023). La Encuesta Nacional de Condiciones de Vida 2021 indica que la necesidad de buscar empleo es la razón principal detrás de esta migración (86.0%), seguida por la reagrupación familiar (6.0%), las razones políticas (1.0%), el estudio (1.0%), la salud (1.0%) y la violencia e inseguridad (1.0%), entre otros factores (4.0%) (UCAB-ENCOVI, 2021).

La situación en Venezuela (OEA, 2019; UCAB-ENCOVI, 2021; Vivas y Paez, 2017) hace que la mayoría de la población migrante venezolana emprenda su viaje con poca planificación o recursos, muchas veces en situación de irregularidad, por lo que empiezan una nueva vida en el país de acogida en condiciones de vulnerabilidad socioeconómica y legal (Brauckmeyer, Castro y Licheri, 2022; Freier y Kvietok, 2022). Un flujo significativo de personas venezolanas viene desplazándose a pie, exponiéndose a redes de tráfico de personas y sufriendo agresiones físicas y psicológicas (Carroll et al., 2020; Freier y Kvietok, 2022). En el caso de las mujeres, estas vulnerabilidades son agudizadas por los riesgos de violencia de género asociadas al viaje (Observatorio de Asuntos de Género de Norte de Santander, 2021). Un ejemplo concreto de esto es el hecho que las mujeres migrantes y refugiadas venezolanas se han convertido en “un blanco predilecto de las redes de trata, especialmente cuando la finalidad es la explotación sexual (Carcedo, 2021, p. 43)”.

La diáspora venezolana ha adquirido una dimensión predominantemente regional, con más de 6 millones de personas venezolanas residiendo en América Latina y el Caribe (ALC) (R4V, 2023). En la actualidad, Perú es el segundo país receptor de población venezolana a nivel mundial, después de Colombia, con más de 1.5 millones residiendo en su territorio (R4V, 2023). A su llegada al país, la mayoría de esta población ha sido expuesta a trabas burocráticas y a la falta de fuentes de información fiables para la regularización de su estatus migratorio (Aron Said y Castillo Jara, 2020; Brauckmeyer et al., 2022; Castro Padrón y Freier, 2021) y/o a la homologación de sus títulos profesionales o habilidades (Briceño et al., 2020; Equilibrium CenDE, 2020, 2021), lo que les impide acceder al mercado laboral formal y los expone a trabajos mal pagados, y para los que están sobrecalificados, además de no contar con beneficios salariales formales (Banco Mundial, 2019; INEI, 2019, 2022).

Esta realidad tiene una dimensión de género multidimensional, ya que las mujeres venezolanas tienden a trabajar en el sector informal —concretamente en trabajos feminizados (Pérez y Espinosa, 2020)— donde reciben salarios más bajos (CEPAL, 2021; Observatorio Proyecto Migración Venezuela, 2021; OIT, 2021a). Los estudios sobre la migración laboral también señalan que las mujeres son más propensas a experimentar diversos casos de violencia en los lugares de trabajo (Foley y Piper, 2020), incluyendo el caso de las mujeres venezolanas en Perú (Freier y Pérez, 2021; Freier, Kvietok y Castro Padrón, 2022).

Por otro lado y respecto a las desigualdades estructurales en el Perú,  a pesar de avances importantes en la ampliación de los niveles de protección social antes de la pandemia (OIT, 2021b), la Encuesta Nacional de Hogares 2018 identificó que alrededor de 65% de hogares en el Perú registraban por lo menos un tipo de vulnerabilidad: monetaria, alimentaria, laboral, financiera y/o hídrica (PNUD Perú, 2020).  La COVID-19 agudizó esta precariedad en los medios de vida de la mayoría de los hogares en el país, tanto nacionales como extranjeros, incluyendo el caso de la población migrante y refugiada venezolana en el Perú (CEPAL, 2021; PNUD Perú, 2020). Este grupo poblacional se vio particularmente afectado por una serie de factores generales y específicos: la pérdida de empleo y la reducción de sus ingresos, su exclusión en los programas de ayuda socio-económica por parte de entes gubernamentales, su acceso limitado a los servicios de salud y educación por cuestiones de estatus migratorio, el riesgo de ser víctimas de desahucios y la creciente xenofobia y discriminación (Equilibrium CenDE, 2020, 2021; Freier, Kvietok y Castro Padrón, 2022; Freier y Vera Espinoza, 2021; Vera Espinoza et al., 2021; Zambrano-Barragán et al., 2021).

En materia de género, la pandemia afectó en mayor medida a las mujeres trabajadoras de ALC, profundizando las brechas preexistentes en el ámbito laboral respecto a sus contrapartes masculinos. Lejos de constituir una lista exhaustiva, estas desigualdades incluyen: nivel salarial, tiempo dedicado al trabajo de cuidado no remunerado, y participación en el sector formal/informal, entre otros (Ávila y Morejon, 2020; Coloma Cieza, 2021; García-Rojas et al., 2020; Jaramillo y Ñopo, 2020). Evitar la naturalización de la asignación de las labores de cuidado no remuneradas a las mujeres resulta importante ya que ésta es producto de “estereotipos históricos que atribuyen determinados roles en nuestra sociedad sobre la base del género de las personas (Coloma Cieza, 2021, p. 265)”. Adicionalmente, los protocolos de prevención implementados por los países de ALC para prevenir la propagación de la COVID-19, llevaron a que en los hogares confluyan  el cuidado familiar, el trabajo remoto y la educación a distancia y se distribuyan de manera desigual entre la población femenina y masculina (Andrade Pacora y Guerrero Ortiz, 2021; Ávila y Morejon, 2020; Berniell et al., 2021).

Las mujeres migrantes y refugiadas venezolanas también tuvieron que lidiar con el aumento de los trabajos de cuidado no remunerados durante la pandemia, el cual recayó principalmente sobre las madres y adolescentes (Vásquez, Castro y Licheri, 2020), limitando aún más su acceso a oportunidades de empleo remunerado (Castro Padrón, 2020; García-Rojas et al., 2020). Sin embargo, la literatura existente carece de estudios que analicen las experiencias, dificultades y estrategias de adaptación de la población femenina venezolana en el Perú respecto a la reconfiguración de responsabilidades de género, tanto laborales como de cuidado no remuneradas, durante la pandemia.

Contando con una población objetivo de madres migrantes y refugiadas venezolanas, con hijos e hijas asistiendo a la escuela en Perú,  la presente investigación busca responder: ¿de qué manera la pandemia y el consiguiente cierre de escuelas agravaron las brechas de género, específicamente en cuanto a las labores remuneradas y no remuneradas, dentro de esta población?, ¿qué tipos de limitantes enfrentan las madres migrantes en el acompañamiento escolar de sus hijos e hijas?, y ¿qué recursos o estrategias han utilizado ellas mismas para poder reconciliar las necesidades del trabajo productivo y el trabajo de cuidado no remunerado?

A lo largo de este artículo, se entienden los cuidados, a través de su definición más amplia, como “la gestión y la generación de recursos para el mantenimiento cotidiano de la vida y la salud y la provisión diaria de bienestar físico y emocional que satisfaga las necesidades de las personas a lo largo de todo el ciclo vital” (Arriagada, 2021, p. 9). Los cuidados abarcan las “actividades que regeneran diaria y generacionalmente el bienestar físico y emocional de las personas (CEPAL, 2020, p. 1)”, incluyendo tareas cotidianas de gestión y sostenimiento de la vida, mantenimiento de los espacios y bienes domésticos, la educación y formación de las personas, entre otros aspectos. A pesar del aporte de los cuidados, estos se han asignado históricamente a las mujeres —y a los hogares— de manera no remunerada en una división sexual del trabajo asociada a los roles tradicionales de género, bajo el sustento de que los hombres participan de trabajo remunerado en sectores productivos (Camps, 2021; Pérez, 2019). Es importante recalcar que los cuidados han trascendido el ámbito doméstico por lo que no necesariamente se trata de tareas a realizar en el hogar, y tampoco son siempre no remunerados (Coffey, 2020).

Este estudio busca contribuir a dos puntos temáticos dentro de la literatura emergente sobre los procesos de integración de la población migrante y refugiada en el Sur Global durante la pandemia por COVID-19: 1) Los procesos de integración de las mujeres migrantes y refugiadas en Sudamérica durante la pandemia, específicamente la profundización de las brechas de género en los trabajos remunerados y de cuidados no remunerados; y, 2) Las experiencias, dificultades y estrategias de las madres migrantes y refugiadas en relación a las diversas barreras de acceso y permanencia al sistema educativo peruano de sus hijos e hijas.

Cronología de medidas implementadas

El 15 de marzo de 2020, y a través del Decreto Supremo Nº 044-2020-PCM, el gobierno del Perú declaró el estado de emergencia nacional, lo cual puso en efecto el cierre de fronteras, aislamiento social obligatorio y restricciones de transporte y de libre circulación. Estas y otras medidas entraron en vigor a partir del 16 de marzo de 2020 y contaron con una vigencia inicial de 15 días, el cual se fue extendiendo de manera intermitente (PNUD, 2023).

A partir de la declaración del aislamiento social, el gobierno del Perú tomó diversas medidas para aminorar el impacto de la crisis en las poblaciones más afectadas; como por ejemplo quienes vivían en condiciones de pobreza y extrema pobreza, trabajadores informales, personas en situación de calle, adultos mayores y mujeres en condición de vulnerabilidad. Entre las primeras medidas que tomó el Estado fue autorizar a los programas sociales Pensión 65 y Contigo, ambos del Ministerio de Desarrollo e Inclusión Social, a efectuar transferencias monetarias adelantadas para los períodos marzo-abril y mayo-junio de 2020. Durante estos periodos, y mediante el Decreto de Urgencia N° 027-2020, se oficializó la entrega de un bono excepcional de 380 soles para cada familia vulnerable (PNUD, 2023).

Los hogares beneficiados de esta medida fueron aquellos que estaban considerados en el Sistema de Focalización de Hogares con mayor vulnerabilidad sanitaria definidos por el Ministerio de Salud (PNUD, 2023). Sin embargo, la población migrante y refugiada fue excluida de este tipo de ayuda de manera sistemática, debido a la falta de documentación requerida: Documento Nacional de Identidad y Carnet de Extranjería. Si bien la población venezolana en el Perú puede acceder a este último documento, el costo y la documentación requerida para el trámite lo vuelve prácticamente imposible de obtener (Luzes et al., 2021a). A este respecto, diversos estudios han notado que la asistencia a la población venezolana en condición de vulnerabilidad fue relegada a los organismos de cooperación internacional (Freier y Vera Espinoza, 2021; Vera Espinoza et al., 2021).

En el ámbito educativo, las medidas establecidas por el Decreto Supremo Nº 044-2020-PCM comprendieron el cierre total de las escuelas. Sin embargo, en abril de 2020, el Ministerio de Educación, en el marco de la emergencia sanitaria para la prevención y control de la COVID-19, inició la implementación de la estrategia educativa “Aprendo en casa”, con el objetivo de dar continuidad al año escolar en las instituciones públicas a través de la Web, TV y la Radio. Esta plataforma brindó a los niños, niñas y adolescentes (NNA) de todo el país un medio para seguir con su aprendizaje de manera remota, a través del uso de diferentes medios y desarrollo de herramientas tecnológicas, con el apoyo de los padres y madres de familia o tutores encargados.

En mayo de 2020, se decretó que las personas con un trabajo formal podrían retirar hasta 2 400 soles correspondiente a su Compensación por Tiempo de Servicio (CTS). En cuanto a las personas que no contaban con un trabajo formal, en los 6 meses posteriores (junio 2020-noviembre 2020) pudieron retirar hasta 2 000 soles de sus pensiones en sus respectivas Administradoras de Fondos de Pensiones (AFP). Además, por disposición del gobierno central, las municipalidades recibieron inyecciones de fondos para organizar y repartir canastas con víveres a familias en condición de pobreza.

Finalmente, a partir del 27 de octubre de 2020, por medio del Decreto Supremo 130-2022-PCM se levantó la inmovilización social obligatoria en todas las regiones donde se mantenía la medida para frenar la propagación de la COVID-19.

Revisión de la literatura

La crisis sanitaria y social ocasionada por la propagación de la COVID-19 ha afectado a la población en general. Sin embargo, los impactos de las medidas tomadas por los gobiernos a nivel mundial (por ejemplo, aislamiento social, cuarentena y cierre de fronteras, entre otros) han tenido un impacto diferencial en distintos grupos vulnerabilizados —por ejemplo, NNA, mujeres, adultos mayores, personas en condición de movilidad humana, entre otros.

Esta sección provee un marco analítico y contextual a los resultados de corte cuantitativo-cualitativo del presente estudio. Primero, se aborda el tema de la recesión femenina para poder comprender de qué manera la pandemia de la COVID-19 agudizó el desequilibrio estructural entre las labores remuneradas y de cuidado no remuneradas de la población local y extranjera en ALC y el Perú. Segundo, indagamos en el caso de las mujeres con hijos en edades escolares y preescolares en Perú, tanto nacionales como venezolanas. Específicamente, hacemos hincapié en cómo la COVID-19, y el consecuente cierre de escuelas, conllevaron a la necesidad del acompañamiento familiar en las actividades escolares y educativas de los NNA, el cual recayó principalmente en las madres de familia. Esta reconfiguración de labores de cuidado no remuneradas, limitaron su participación en los mercados formales e informales.

Recesión femenina

García-Rojas y colegas (2020) explican que una de las características de la crisis resultante de la pandemia tiene que ver con el impacto de ésta en el empleo femenino, produciéndose un fenómeno denominado la “recesión femenina”. Este término comprende dos aspectos fundamentales.

Por un lado, la recesión femenina es el resultado de la necesidad de articular el empleo remunerado en el sector productivo con trabajos de cuidado no remunerados, el cual tiende a recaer más en las madres que en los padres de familia. Esta dinámica dificulta e imposibilita la conciliación de la vida laboral y familiar de este grupo poblacional (Del Boca et al., 2020; Farré et al., 2020; García-Rojas et al., 2020). Diversos estudios que buscan explicar este desequilibrio estructural durante la COVID-19 hacen hincapié en los cierres prolongados de escuelas y guarderías como principales catalizadores (Alon et al., 2020; Huebener, Pape y Spiess, 2020; Huebener et al., 2021). Por otro lado, las mujeres suelen trabajar, en mayor proporción que los hombres, en sectores económicos que fueron  afectados por la pandemia (comercio minorista, hotelería y servicios) y cuya recuperación a corto plazo es poco probable (CEPAL, 2021; Herrera-Idárraga et al., 2020; Jones, Mudaliar y Piper, 2021).

La suma de factores como los antes mencionados, implica para las mujeres un retroceso en sus trayectorias laborales, pues son ellas las que se ven obligadas a optar por la realización de actividades informales y/o a tiempo parcial que sean compatibles con las crecientes responsabilidades del trabajo de cuidado (como el acompañamiento escolar) (Andrews, 2020; Iregui-Bohórquez et al., 2020).

En cuanto al impacto diferenciado de la COVID-19 en las vidas de las mujeres migrantes, un estudio etnográfico realizado por Bruhn y Oliveira (2022) con madres migrantes latinas e hispanas en Boston, Massachusetts, concluyó que esta población experimentó una triada de responsabilidades de género a causa de la pandemia. Específicamente, las madres migrantes: 1) Fueron más vulnerables a la pérdida de empleo, dada su sobrerrepresentación en puestos de trabajo precarios y mal pagados, predominantemente en sectores de servicios, que no se prestaban al trabajo remoto; 2) Tuvieron que apoyar la educación de sus hijos e hijas en casa, en idiomas no del todo conocidos para ellas, lo que incrementó sus niveles de estrés y afectó su salud mental; y 3) Asumieron la mayor parte del trabajo de cuidado en sus hogares y aumentó la carga mental de cuidado de la familia en su país de origen, esto asociado a que tuvieron que disminuir el envío de remesas (Bruhn y Oliveira, 2022, p. 78).

En ALC, la COVID-19 agudizó las bajas tasas de participación laboral de las mujeres, tanto de la población nacional como venezolana. A nivel regional, la tasa de participación laboral de la población femenina local, en 2020, fue de 46%, lo que refleja una disminución de 6% en comparación con la del año previo (CEPAL, 2021). En el caso de Perú, esta cifra estuvo por debajo del promedio regional con 36.1% (CEPAL, 2021). Respecto a la población femenina venezolana en el Perú, una encuesta realizada en junio de 2020 (N 159) encontró que 69% de las encuestadas estuvieron desempleadas durante el periodo de cuarentena obligatorio a nivel nacional, y 55% seguían desempleadas al momento de contestar la encuesta (Pérez y Espinosa, 2020).

Reconfiguración de los roles de cuidado

Históricamente, las labores de cuidado no remuneradas —incluido el acompañamiento a los procesos educativos de los menores de edad— han sido socialmente atribuidas a las mujeres desde temprana edad (Coloma Cieza, 2021). Según el Ministerio de Educación de Perú, 63.7% de la población estudiantil en Perú es acompañada por sus madres en las actividades de la escuela, y apenas 8.6% lo es por sus padres (Andrade Pacora y Guerrero Ortiz, 2021). Esta brecha de género respecto a las labores domésticas no remuneradas es consistente con las observaciones de una participante de RET International sobre la reconfiguración de los roles de cuidado en hogares de migrantes venezolanos:

Nos pasó que hicimos un par de webinars al final del proyecto y productos comunicacionales, dar cuenta y evidencias al donante, y nos costó encontrar padres o tíos o abuelos, quien sea el cuidador del niño, pero que sea varón […] caímos en cuenta que casi el 90% de los acompañantes eran mujeres […] era altísimo el porcentaje, no necesariamente estaba la figura del padre, porque estaba todo el día afuera, trabajando […] por lo que las mujeres se quedaban cuidando a los niños […] hermanas mayores, chicas adolescentes que asumían la responsabilidad de acompañar a los niñitos […] (Representante, RET Internacional, Lima, 2020).

El cierre de escuelas, oficinas, colegios y guarderías fue parte integral de las medidas de confinamiento adoptadas para evitar la propagación de la COVID-19 a nivel mundial.  Esto obligó a que la población llevara a cabo sus ocupaciones diarias desde casa. En consecuencia, las dinámicas educativas fueron trasladadas a los hogares, lo que implicó casi de manera inmediata una reconfiguración de los roles de cuidado y una mayor intervención familiar en las actividades escolares y educativas  (Alon et al., 2020; García-Rojas et al., 2020; Huebener et al., 2020, 2021; Tello-Zuluaga, 2022). Es de aclarar que este acompañamiento se desarrolló de manera casi exclusiva por familiares nucleares, ya que el confinamiento llevó a una “contracción de las redes de apoyo” (Ávila y Morejon, 2020).  En ALC, esta nueva dinámica afectó sustancialmente la permanencia o incorporación laboral de las mujeres con hijos e hijas en edades escolares o preescolares, especialmente siendo la región del mundo con la mayor duración del cierre de escuelas (Tribín-Uribe et al., 2021).

Las dificultades para conciliar el trabajo productivo y las actividades educativas se complejizaron por el poco acceso a herramientas tecnológicas, especialmente en las familias más vulnerables, que en ocasiones deben compartir un dispositivo para el trabajo remoto de padres y madres y la escuela (Andrade Pacora y Guerrero Ortiz, 2021). En el caso de Perú, la pandemia visibilizó una brecha digital estructural y su implicancia para la desigualdad de género, puesto que ‘‘los hogares de jefatura femenina cuentan con menos acceso a Internet, televisión por cable y teléfono celular (Jaramillo y Ñopo, 2020, pp. 22–23)”. Lo dicho impacta no sólo la calidad del acompañamiento escolar por parte de las madres de familia, sino también sus oportunidades laborales.

En el caso específico de las madres migrantes y refugiadas venezolanas, un análisis de género realizado por Sánchez Barrenechea y colegas (2020) en Perú hace hincapié en los efectos diferenciados del desequilibrio entre la productividad femenina y las responsabilidades de cuidado no remuneradas para este grupo poblacional durante la pandemia. Los autores enfatizan que la inserción laboral y permanencia en el trabajo de este grupo es más desafiante, a comparación de las madres de nacionalidad peruana, debido a las escasas redes de apoyo con las que cuentan las mujeres migrantes y refugiadas, y las dificultades financieras que imposibilitan el acceso a jardines infantiles o algún otro mecanismo de cuidado pagado.

Metodología

Para desarrollar el tema del impacto de la COVID-19 en las vivencias de las madres migrantes y refugiadas venezolanas en el Perú, específicamente en cuanto a la profundización de las brechas de género en los trabajos remunerados y de cuidados no remunerados, este artículo emplea métodos mixtos de investigación. Entre abril de 2021 y octubre de 2021, realizamos una recopilación de datos cuantitativos y cualitativos a través de una encuesta a la población migrante y refugiada venezolana en el Perú (N 515),[1] grupos focales con padres y madres de nacionalidad venezolana (24 participantes en total) y cinco entrevistas semiestructuradas con informantes clave del sector educativo.

La encuesta se llevó a cabo en agosto de 2021 y partió de un muestreo probabilístico estratificado a personas venezolanas mayores de edad migrantes, refugiadas y solicitantes de refugio. Para el diseño muestral se definieron los estratos por provincias y, en la última etapa de muestreo, se realizó una selección aleatoria por cuotas de género. El levantamiento se realizó por medio telefónico y en línea. En la encuesta, se buscó explorar aspectos relacionados a su experiencia migratoria, la intención de retorno y permanencia, el reconocimiento de títulos profesionales, la situación laboral, la escolarización de NNA y la percepción de discriminación, entre otros aspectos. Los datos fueron posteriormente procesados a través del Software STATA.

De los datos de la encuesta seleccionamos una muestra de 24 personas venezolanas para su participación en las entrevistas grupales utilizando un método de muestreo intencional. Seleccionamos a padres y madres de nacionalidad venezolana con hijos e hijas entre los 6 a 25 años, matriculados y no matriculados en una escuela en el Perú, para conocer sus experiencias con el sector educativo y los desafíos para acceder a este. Durante los grupos focales, se buscó explorar seis aspectos principales: experiencia educativa en Venezuela; avances y retos para acceder a la educación básica en el Perú, prestando especial atención al proceso de matriculación; percepción de la convivencia y discriminación; retos para la permanencia educativa; impacto de la pandemia; y expectativas a futuro de la educación de sus hijos e hijas. Los grupos focales se realizaron de manera virtual utilizando la plataforma Zoom y tuvieron una duración promedio de 90 minutos.

También se realizaron cinco entrevistas con actores clave del sector educativo, incluyendo funcionarios, representantes de organismos de cooperación internacional y representantes de organizaciones locales que asisten a personas migrantes y refugiadas. Las entrevistas se realizaron a través de plataformas como Google Meet y Zoom, siguiendo un protocolo semiestructurado, y tuvieron una duración de 60 minutos aproximadamente. Los grupos focales y entrevistas fueron posteriormente sistematizados, a partir de las transcripciones y notas, y codificados de manera inductiva en Excel.

Resultados

La estructura de esta sección es la siguiente. Primero, se brindan estadísticas descriptivas relacionadas a las características sociodemográficas de las madres venezolanas migrantes y refugiadas encuestadas. También se proporcionan datos sobre las dinámicas familiares de las mujeres encuestadas, específicamente la incorporación de los NNA al proceso migratorio, y la situación laboral en el Perú para este grupo poblacional. Segundo, haciendo uso de los datos cuantitativos y cualitativos, se aborda el incremento de los trabajos de cuidado no remunerados para esta población a consecuencia de la COVID-19, y el consecuente cierre de escuelas, las limitantes estructurales y tecnológicas al acompañamiento familiar de las trayectorias educativas de los NNA y las redes de apoyo utilizadas por las madres de familia en el aprendizaje de sus hijos e hijas.

Características sociodemográficas

Del total de mujeres venezolanas migrantes y refugiadas encuestadas, más de la mitad tiene entre 30 y 44 años, seguido de 29% que se encuentra entre los 45 a 59 años. En cuanto al estado civil, cerca de la mitad declaró estar soltera (46%), seguido de 23% y 22% en estado de conviviente y casada respectivamente. Sobre la orientación sexual, la inmensa mayoría declaró ser heterosexual (94%). En cuanto a identidades étnicas y raciales, 35% se autoidentifica como mestiza, seguido de 29% como negra, morena o afrodescendiente, 28% como blanca, 6% como otro o prefiere no responder y 1% como perteneciente o parte de una comunidad indígena. En cuanto al nivel educativo, del total de migrantes y refugiadas venezolanas encuestadas, 55% ha completado estudios superiores técnicos o universitarios. Sin embargo, 9 de cada 10 no ha convalidado sus títulos superiores ante la entidad correspondiente, limitando sus posibilidades para certificar sus habilidades y competencias ante los empleadores.

Sobre cuándo llegó al Perú, más de la mitad lleva residiendo en el país entre 2 y 3 años, seguido de 35% que lleva más de 3 años, 10% entre 1 y 2 años y cerca de 1% que llegó en los primeros seis meses del 2021. Finalmente, las mujeres emigran en mayor proporción que sus pares hombres por falta de alimentos y acceso a servicios de salud. En cuanto a la búsqueda de oportunidades en el Perú, del total de mujeres encuestadas 56% emigró por buscar oportunidades laborales y 13% por oportunidades de estudio.

Incorporación de los NNA al proceso migratorio

Las mujeres venezolanas han incorporado a sus hijos e hijas en el proceso migratorio o los han tenido durante el camino en mayor proporción que sus pares hombres venezolanos: 7 de cada 10 mujeres venezolanas declaró tener hijos e hijas en el Perú frente a 5 de cada 10 hombres venezolanos. Las mujeres encuestadas tienen principalmente hijos e hijas en edad escolar y preescolar: 66% de las madres tiene al menos un hijo o hija entre los 6 y 17 años, seguido de 32% con al menos un niño o niña menor de 3 años y 15% entre los 4 y 5 años. Lo dicho supone un reto para las madres migrantes, quienes pueden ver interrumpida su trayectoria laboral al asumir principalmente el trabajo de cuidado y las complejidades para compaginar con el empleo remunerado en el sector productivo en el contexto de la pandemia (García-Rojas et al., 2020). Sobre el acceso educativo de los NNA migrantes y refugiados, 88% de las mujeres que son madres de niños en edad escolar, tenía al menos uno matriculado en la escuela a agosto de 2021.

Situación laboral

En ALC, las mujeres trabajadoras —a comparación de sus contrapartes masculinos— normalmente participan de sectores de la economía de cuidados o servicio, aquellos que más impacto tuvieron debido a los cierres, la contracción económica y la lenta recuperación después de los confinamientos (CEPAL, 2021; Herrera-Idárraga et al., 2020; Jaramillo y Ñopo, 2020). De las mujeres migrantes y refugiadas venezolanas que se encuentran trabajando, aproximadamente 1 de cada 3 se dedica a actividades del sector comercio, seguido de 11% en el sector gastronómico.

Además, las barreras asociadas al estatus migratorio, al proceso de reconocimiento de títulos y obtención de colegiatura, entre otros, pueden causar situaciones de subempleo: sólo 2 de cada 10 mujeres que se encontraban trabajando a agosto de 2021 ejercen su profesión. En cuanto a las condiciones laborales, casi 9 de cada 10 mujeres trabaja en la informalidad sin contrato laboral, versus 8 de cada 10 hombres venezolanos encuestados. Una mayor cantidad de mujeres encuestadas se desempeña como independiente (46% del total de mujeres frente a 36% del total de hombres venezolanos). Esto puede estar relacionado a las flexibilidades que brinda el trabajo de manera autónoma.

COVID-19 y el incremento de los trabajos de cuidado no remuneradas

La pandemia ha afectado gravemente a las mujeres. Desde APPV determinamos que 70% de los hogares tenían a la mujer como cabeza de hogar. Muchas además son madres solteras y aunque tengan pareja, la carga recae completamente sobre ellas y no sobre el hombre (Representante, Asociación Protección Población Vulnerable [APPV], Lima, 2020).

Hay sesiones [de clase] que se extienden y las chicas se tienen que ir a cuidar de sus hermanos menores o a cocinar. Por cómo sabemos que se dan las dinámicas de género, asumimos que son ellas [madres e hijas adolescentes] quienes asumen no sólo el trabajo   sino también los roles de cuidado (Representante, Chamas en Acción, Lima, 2020).

Los testimonios de las representantes de APPV y Chamas en Acción, visibilizan el aumento de los trabajos de cuidado no remunerados para las madres y adolescentes migrantes venezolanas a raíz de la COVID-19. Varios estudios han precisado que, con el consecuente cierre de escuelas, como medida de prevención de contagio, se transfirió el cuidado de los hijos e hijas a los hogares (Andrews, 2020; Iregui-Bohórquez et al., 2020). Como se mencionó previamente, estos fenómenos no solamente impactaron a las mujeres migrantes en el Perú y en ALC sino también a aquellas de las comunidades receptoras, dificultando así la conciliación de la vida laboral y familiar en mayor proporción que sus contrapartes masculinos (Berniell et al., 2021; Del Boca et al., 2020; Farré et al., 2020; García-Rojas et al., 2020).

A pesar de contar con un nivel educativo alto, superior en promedio al de sus pares hombres, la pandemia agudizó la situación laboral de las mujeres migrantes y refugiadas venezolanas en el Perú (Vásquez et al., 2020). Según los resultados de la encuesta, a agosto de 2021, sólo 54% de la muestra se encontraba trabajando versus 80% de los hombres venezolanos. Si miramos la situación de las que declararon ser madres, sólo 28% se encontraba trabajando. Una de las razones son las tareas de cuidado no remuneradas, que recaen en mayor proporción sobre las mujeres: 20% declaró no estar buscando trabajo por dedicarse a tareas del hogar no remuneradas versus 2% de hombres venezolanos que declararon estar en dicha situación.

A su vez, el cierre de escuelas y el consecuente cambio a la educación remota exigió de las familias —tanto nacionales como extranjeras— un rol más activo e intensivo en las actividades escolares y educativas de sus hijos e hijas. Esta responsabilidad recayó principalmente en las madres, profundizando aún más las desigualdades de género en el mercado de trabajo y en el hogar (Andrews, 2020;  Ávila y Morejon, 2020; Huebener et al., 2020; Llanos Zuloaga, 2021; Tello-Zuluaga, 2022).

Como parte del 20% de mujeres encuestadas que declararon no estar buscando trabajo por dedicarse a tareas del hogar no remuneradas, Lisbeth[2] (40 años, Carnet de Extranjería) llevaba dos años y nueve meses viviendo en Santa Anita, Lima, con su esposo y dos hijos. Después de superar una serie de trabas burocráticas, Lisbeth pudo obtener un cupo escolar para sus dos niños, ambos entre seis y once años. Conversando sobre la educación virtual durante la COVID-19, su testimonio nos muestra cómo el cierre de escuelas incrementó los trabajos de cuidado no remunerados para las madres —en comparación a los padres: “La saturación de actividades es muy fuerte, tienen sólo hasta las 3:30PM para entregar sus deberes […] los papás bueno, muchos se van a trabajar, en mi caso, yo tuve que dejar mi trabajo y dedicarme porque el niño en primer grado necesitaba mi apoyo.” Su recuento también hace referencia a las dinámicas de género detrás de quién –padre o madre—, se queda en casa, para poder garantizar la continuidad en el desarrollo de las actividades escolares de sus hijos e hijas, y quién sale a trabajar. Como se mencionó líneas más arriba, históricamente, las labores de cuidado no remuneradas han sido socialmente atribuidas a las mujeres desde temprana edad (Andrade Pacora y Guerrero Ortiz, 2021; Coloma Cieza, 2021).

Sin embargo, debido a la precariedad socioeconómica y legal en la que se encuentra la mayoría de la población migrante venezolana residiendo en el país, a comparación de su contraparte de la comunidad de acogida, son muy pocas las madres que pueden dedicarse a tiempo completo a los trabajos de cuidados no remunerados. Esta realidad es más prevalente entre las madres solteras. Como lo afirma Sole (50 años, Solicitante de Refugio), una madre soltera que llevaba en Perú ya dos años y seis meses y radicada en La Libertad, Trujillo, con su hijo:

[…] recuerda que todos nosotros [venezolanos] trabajamos, tanto padres como madres. Es muy difícil que consigas a una madre que trabaje en el hogar […] La maestra manda toda esta cantidad de tareas […] yo llego tarde tipo 7 pm y hay mucha acumulación de trabajo que lo que hacían en un año ahora quieren que lo hagan en una semana.

Su recuento también aborda las dificultades asociadas con poder compaginar el aumento en las labores de cuidado no remuneradas con sus responsabilidades de empleo remuneradas. También es importante precisar que el tipo de empleo influye en si las madres pueden llevar —o no— a sus hijos e hijas al trabajo. En el caso de Sole, su puesto como empleada contratada no se lo permite. Por otro lado, María Fernanda, un caso que abordaremos en la siguiente sección, sí lo puede hacer debido a que trabaja de manera independiente en el sector informal.

Limitaciones estructurales y tecnológicas

Dentro de este marco, las madres migrantes venezolanas se ven limitadas para poder garantizar la continuidad en el desarrollo de las actividades escolares de sus hijos e hijas. Esto se debe principalmente a los horarios de clase no flexibles —ni compatibles con sus horarios laborales—, la alta cantidad de deberes escolares producto de la educación remota, así como a la falta, o limitada disponibilidad de equipos tecnológicos requeridos (Andrade Pacora y Guerrero Ortiz, 2020; Jaramillo y Ñopo, 2020).

Sobre los desafíos de la educación virtual para las madres migrantes, los resultados de nuestra encuesta ponen en evidencia cómo, durante la pandemia, la atención a las tareas escolares afectó principalmente a las madres de familia: 36% de las mujeres madres declaró que el desafío principal de la educación virtual es la responsabilidad sobre los cuidados frente a 21% de padres que señalaron esto como un desafío. Las vivencias de Lisbeth y Sole ejemplifican las limitaciones estructurales impuestas por parte de las instituciones educativas, específicamente en cuanto a la carga de los deberes escolares. El caso de María Fernanda (Situación Irregular), quien llevaba en Perú ya dos años y 3 meses viviendo en Piura con su hija e hijo de 7 y 5 años respectivamente, también muestra cómo los horarios de clase no flexibles dificultan e imposibilitan la compaginación de las labores remuneradas con las de cuidado no remuneradas de las madres de familia migrantes, específicamente el acompañamiento escolar de sus hijos e hijas. Conversando sobre el conflicto entre su trabajo en el sector informal con el horario de las clases virtuales de su hija, ella remarcó:

Mi horario [de trabajo] es en la tarde, [los de la escuela] hicieron su reunión de seleccionar el turno en el que iban a dar clases virtuales y no incluyeron a todos los representantes, resulta ser que los ocho representantes venezolanos que entraron nuevos quedaron por fuera (María Fernanda, Lima, 2020).

El testimonio de María Fernanda también hace hincapié en la falta de comunicación previa entre la institución educativa y las familias venezolanas con hijos e hijas, lo cual dificulta o imposibilita la tarea de acompañamiento escolar.

El poco acceso a las herramientas tecnológicas para acceder a las clases virtuales, también dificultan las experiencias laborales de las madres, el apoyo al desarrollo educativo de sus hijos e hijas y el desempeño escolar de estos mismos. Como comenta María Fernanda:

Mi hija se atrasa muchísimo por el tema de los dispositivos dado que soy la única que tengo un teléfono celular. Ella tiene dos horas de clases virtuales desde las 3 hasta las 5pm y pues las tiene que ver en la calle, en una esquina que es donde trabajo […] es complicado porque hay tanta distracción por los carros que suben y bajan por esa zona. En teoría está inscrita pero no ve realmente las clases, no ve clases porque yo estoy ahorita trabajándole aquí a unos peruanos vendiéndole mazamorra para poder aportar algo a la casa y poder mandar algo a Venezuela (María Fernanda, Lima, 2020).

Es importante precisar que estas experiencias no son exclusivas ni de la población venezolana ni del contexto de pandemia. En el Perú, la pandemia agudizó la brecha digital de género, teniendo en cuenta que los hogares de jefatura femenina contaban con menor acceso a dispositivos electrónicos (Jaramillo y Ñopo, 2020).

Redes de apoyo en el aprendizaje de los NNA

Respondiendo al cierre de las escuelas, el gobierno peruano implementó la estrategia “Aprendo en Casa”, que propuso experiencias de aprendizaje alineadas al currículo nacional para que los NNA —tanto nacionales como extranjeros— puedan continuar estudiando desde sus hogares, usando diversos canales de comunicación como radio, televisión e Internet (Andrade Pacora y Guerrero Ortiz, 2020). Sin embargo, la transmisión del contenido a través de redes tecnológicas dificultó tanto la integración de los NNA venezolanos a los procesos de aprendizaje como el acompañamiento familiar debido a las brechas digitales de género previamente descritas (Jaramillo y Ñopo, 2020). Resultó ser insuficiente para los requerimientos de las familias migrantes. Habiendo declarado no estar buscando trabajo para dedicarse a tareas del hogar no remuneradas, Betty (46 años, Solicitante de Refugio), quien llevaba 2 años en Perú y radicada en Comas, Lima, con su hijo y esposo, mencionó:

Yo tuve inconveniente con el [programa de] Aprendo en Casa, tenía que decirles a los profesores que me mandaran los vídeos por WhatsApp porque yo no tenía televisión. Tenía que estar recordándoles, tenía que estarles recordando, algunos enviaban, otros no […] (Bety, Lima, 2020)

Dentro de este marco de falta de asistencia estatal y de limitantes estructurales, las madres venezolanas han tejido redes de contacto con ONG y profesores, para intentar darle continuidad a las trayectorias escolares de sus hijos e hijas. Es así como los programas de educación flexible, disponibles tanto para la población nacional y extranjera e implementados por la cooperación internacional, se vuelven de especial importancia, ya que se adaptan a las necesidades de las y los estudiantes y las madres que acompañan su proceso educativo. Yessica (43 años, Irregular), una madre soltera que llevaba dos años y siete meses en Perú y radicaba en La Libertad, Trujillo, con sus tres hijos, dijo lo siguiente sobre el tema:

Mi niño está en un programa que se llama Aprendiendo Unidos [ONG], que integra lo que es la educación peruana y la venezolana. Es 100% virtual, es espectacular porque cuentan con una muy buena plataforma, es muy interactiva, todo es interactivo. Tú tienes un tutor y puedes ingresar a la hora que quieras a la página y te dan una sesión diaria, entonces ahí tienes la sesión que se divide en varias partes: la introductoria, la de conocimiento, la de experimentación y la de cómo se sintió la actividad [retroalimentación] (Yessica, Lima, 2020).

Su recuento también enfatiza la flexibilidad, en términos de horarios, que provee el programa Aprendiendo Unidos, implementado por UNESCO, UNICEF, RET Internacional y Plan Internacional, específicamente teniendo en cuenta que Yessica trabajaba de manera independiente.

Adicional a esta respuesta de la cooperación internacional, las ONG nacionales y las organizaciones de la sociedad civil lideradas por migrantes venezolanos también han brindado espacios para facilitar la continuidad de los NNA en materia educativa y dar asesoría y acompañamiento a las familias respecto a los trámites y pasos a seguir para la inclusión de los menores en el sistema educativo. Enfatizando las buenas experiencias que ha tenido con docentes, Gladys (33 años, Situación Irregular), una madre soltera que llevaba viviendo en Villa María del Triunfo, Lima, con sus dos hijos en edad escolar, recalcó:

Me han tocado maestras buenísimas, demasiado buenas. La que me dio en segundo grado, yo trabajaba super temprano y toda la evidencia se la enviaba los fines de semana y nada me decía está bien no hay problema, solamente por favor envíame las evidencias. Y la miss que tengo ahora es un amor también, ella da la clase por Zoom, una clase que dura 40 minutos si acaso, y ella va dando la clase, les va explicando y ellos automáticamente van respondiendo sus preguntas. Y después le envían por WhatsApp otras preguntas para responder, pero si acaso serán cinco preguntas más (Gladis, Lima, 2020).

Conclusiones

Entre el 2020 y 2021, la mayoría de los países a nivel mundial, incluido el caso de Perú, implementó una serie de medidas de confinamiento para evitar la propagación de la COVID-19 que incluyó el cierre de escuelas y el cambio a la educación a distancia (UNESCO Institute of Statistics, 2017). La literatura existente destaca que la implementación de estas medidas afectó de manera desproporcionada a los sectores más vulnerabilizados de la población, como las mujeres, aumentando sus labores de cuidado no remuneradas y dificultando la compaginación de la vida laboral y familiar (Alon et al., 2020; Andrews, 2020; García-Rojas et al., 202; Huebener et al., 2021).

Es importante diferenciar entre los factores generales y específicos que dificultaron e imposibilitaron la habilidad de las mujeres madres venezolanas de darle continuidad a la enseñanza de sus hijos e hijas. El primer grupo afectó tanto a las mujeres peruanas como a las venezolanas y se centró alrededor de las brechas de género —a comparación de sus contrapartes hombres— en cuanto a la pérdida de empleo, la reducción de sus ingresos, el aumento en responsabilidades de cuidado no remuneradas y la falta de herramientas tecnológicas (CEPAL, 2021; Jaramillo y Ñopo, 2020). El segundo grupo impactó de manera diferencial al grupo migrante, específicamente en cuanto a su sobre representación en el mercado laboral informal y su participación limitada en las actividades escolares de sus hijos e hijas, su exclusión en los programas de ayuda socio-económica por parte de entes gubernamentales,   así como la creciente xenofobia y discriminación, entre otros (Equilibrium CenDE, 2020, 2021; Freier, Kvietok y Castro Padrón, 2022; Pérez y Espinosa, 2020). Nuestros resultados cuantitativos-cualitativos destacan que, para las madres migrantes venezolanas, la labor de acompañamiento educativo de sus hijos e hijas se vio afectado por una mezcla de estos factores generales y específicos.

Si bien desde el 2022 la vida ha regresado a la ‘‘normalidad’’, nuestros hallazgos llaman la atención sobre la necesidad de seguir visibilizando el impacto que tienen los trabajos de cuidado en las trayectorias laborales de las mujeres. Los cuidados son un trabajo necesario para el sostenimiento de la vida, la reproducción de la fuerza de trabajo y de las sociedades, y generan contribuciones para la producción económica, el desarrollo y el bienestar (ONU Mujeres y CEPAL, 2020). Adicionalmente, los hallazgos se constituyen como una alerta para promover la toma de decisiones en materia de política pública que garantice unos mínimos de protección para las madres migrantes y busque la corresponsabilidad entre mujeres y hombres para contribuir a la autonomía de las mujeres y a una justa organización social de los cuidados.

Referencias Bibliográficas


[1] El material recogido en este artículo forma parte de investigaciones y encuestas más amplias de Equilibrium Centro para el Desarrollo Económico. Es importante precisar que los datos sociodemográficos recolectados en nuestra encuesta reflejan las características sociodemográficas descritas para la población migrante y refugiada venezolana en estudios más amplios a nivel regional (OIM, 2020a, 2020b, 2021).

[2] Utilizamos seudónimos para preservar la seguridad y el anonimato de las mujeres migrantes venezolanas entrevistadas.


  1. Peruana-estadounidense. Licenciada en Antropología de Macalester College, Saint Paul, MN, EE.UU. Actualmente es Doctoranda del Programa de Doctorado en Sociología de la Universidad de California, San Diego (UCSD). Líneas de investigación: discriminación, xenofobia, racismo, rutas migratorias, desplazamiento forzado, migración venezolana. Contacto: akvietok@ucsd.edu

  2. Colombiana. Magíster en Políticas Sociales y Acción Comunitaria de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), España. Actualmente se desempeña como Gerente de proyectos de migración en la región LAC en Equilibrium SDC e investigadora asociada de Equilibrium CenDE. Líneas de investigación: género, migración venezolana, derechos Humanos. Contacto: carenas@equilibriumbdc.com

  3. Española. Maestra en Relaciones Internacionales de IE School of Global and Public Affairs, España. Actualmente se desempeña como consultora independiente para varias instituciones como Fundación EU-LAC, Consejo Noruego de Refugiados y Organización Internacional para las Migraciones (OIM). Líneas de investigación: cuidados; género y cambio climático; participación política de mujeres; migración y refugio. Contacto: martacpadron@gmail.com

  4. Peruana. Bachiller en Economía de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, Perú. Actualmente se desempeña como líder de proyectos de inclusión financiera en Instituto APOYO. Líneas de investigación: migración venezolana; género; mercado laboral. Contacto: Sofiaisabela0503@gmail.com